La reactividad canina

17.01.2026

¿Tu perro reacciona demasiado a todo? Así puedes ayudarle

Si tu perro ladra, tira de la correa o se lanza hacia otros perros, personas o incluso coches, probablemente estés lidiando con reactividad. No es lo mismo que agresividad: un perro reactivo no quiere hacer daño, simplemente no sabe cómo gestionar la situación. Con paciencia y las herramientas correctas, puedes ayudarle a relajarse y disfrutar más de sus paseos.

¿Por qué ocurre la reactividad?

La reactividad puede tener varias causas:

  • Miedo o inseguridad: Algunos perros reaccionan para alejar lo que les asusta.

  • Frustración: Perros sociables que quieren acercarse a algo pero la correa se lo impide.

  • Falta de socialización: Si un perro no ha aprendido a interactuar con su entorno, todo puede resultarle extraño o amenazante.

  • Dolor o predisposición genética: Problemas físicos o ciertas razas pueden tener un umbral de tolerancia más bajo ante estímulos.

Señales de alerta

Un perro reactivo puede mostrar:

  • Ladridos persistentes y exagerados.

  • Tirones de correa o embestidas hacia el estímulo.

  • Gruñidos, pelo erizado o jadeos frecuentes.

Si reconoces estas señales, no lo castigues. Castigar solo aumenta el miedo y la ansiedad, empeorando la reactividad.

Consejos prácticos para manejarla

  1. Detecta su "umbral"
    Cada perro tiene una distancia mínima a la que empieza a reaccionar. Observa cuidadosamente y empieza a trabajar justo antes de que se altere. Con el tiempo, podrás acercarte más sin que pierda la calma.

  2. Refuerzo positivo
    Premia cualquier comportamiento calmado cerca del estímulo. Una golosina, caricia o palabra de ánimo asociarán lo que antes era estresante con algo positivo.

  3. Herramientas adecuadas
    Evita collares que puedan lastimar. Los arneses de fijación frontal o de cuerpo completo permiten controlar mejor al perro sin causarle dolor.

  4. Ejercicios de enfoque y autocontrol
    Juegos de olfato, trucos de obediencia o enseñarle a mirar a ti cuando hay distracciones son formas excelentes de desviar su atención del estímulo y reforzar su autocontrol.

  5. Exposición gradual
    Introduce los estímulos de forma lenta y controlada. Por ejemplo, si reacciona a otros perros, empieza a distancia, premia la calma, y ve reduciendo la separación poco a poco.

  6. Paciencia y consistencia
    La reactividad no desaparece de un día para otro. La clave es trabajar todos los días unos minutos, mantener la calma y celebrar cada pequeño avance.

Con estos pasos, tu perro aprenderá que no todo lo que se mueve o hace ruido es una amenaza, y sus paseos se convertirán en momentos más tranquilos y disfrutables para ambos.